Cómo justificar los ahorros energéticos en una PYME

Cómo justificar los ahorros energéticos en una PYME

Cómo justificar los ahorros energéticos en una PYME (fotolia)

¿ Cómo justificar los ahorros energéticos en una PYME después de implantar una medida de eficiencia ?

Visitamos a un posible cliente de una PYME. Hablamos con el gerente para venderle  una solución de ahorro energético en la que, pongamos por caso, nos vamos a hacer cargo de la inversión y vamos a cobrar en función de los ahorros obtenidos.

Cada mes, emitimos una factura con un importe fijo más una parte variable en función del ahorro obtenido. La suma de esos dos términos debe ser inferior a lo que el cliente hubiera pagado de no haber realizado la inversión (aunque solo sea un poco menos). Al cabo de unos años de contrato previamente pactados, los ahorros que se obtengan revertirán en su totalidad en la cuenta de resultados del cliente. Es un buen negocio para todos.

Cuando llega la hora de abonar las facturas, la herramienta de cálculo de los ahorros debe ser la misma para el cliente y para vendedor.

Este problema lo resuelven los protocolos de medida y verificación, el más conocido de los cuales es el IPMVP (International Performance Measurement & Verification Protocol) de EVO, pero su uso no es obligatorio.

Para justificar una medida de ahorro energético como componente fundamental de un contrato de servicios energéticos con pago por ahorros obtenidos, es imprescindible un sistema para la verificación de los ahorros que sea aceptado y comprendido por el cliente.

Primer paso: definir el punto de partida

Cómo justificar los ahorros energéticos en una PYME

Punto de partida (Geralt, pixabay)

Una vez convencido nuestro cliente de que le conviene tomar medidas para ahorrar energía y nos contrata, es preciso definir un punto de partida, que será la situación de la empresa antes de implantar cualquier medida de ahorro.

Puesto que el tiempo es limitado, es preciso obtener la mayor cantidad de datos fiables de la instalación y enfocar los esfuerzos en aquellos procesos que más energía consumen. En primer lugar se hace acopio de los datos históricos de consumos y facturación y después, si se estima necesario, se toman datos con equipos móviles (durante una semana por ejemplo).

Con estos datos, se obtiene el perfil de consumo de la empresa, se identifican los puntos donde más se consume y se establecen las medidas de ahorro energético a implantar.

La necesidad de cumplir la normativa

En numerosas ocasiones cuando me desplazo por los polígonos industriales observo en muchas naves un enorme ahorro en iluminación. Pero “con trampas”. En la nave casi no se ve. Evidentemente el mejor ahorro es la energía no consumida, pero la iluminación de un edificio de oficinas o de una nave debe cumplir la normativa. Dicho de otra manera, se debe comparar una situación inicial que verifique la normativa, con la implantación de una iluminación equivalente mediante tecnologías eficientes.

Segundo paso: modelización y/o medida de la situación de referencia

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Modelización (Geralt, pixabay)

El problema se reduce a establecer la relación entre el consumo energético de la empresa y su producción. Esta relación se puede precisar introduciendo más variables que puedan afectar al consumo, por ejemplo, la temperatura exterior.

Se establece una línea de regresión y se considera que ese es el modelo actual de la fábrica: línea (o líneas) de base energética con una ecuación que defina el comportamiento del consumo de la fábrica.

La complejidad del sistema productivo de una empresa no debe suponer problemas a priori: independientemente de la variedad de productos fabricados, hemos constatado que los ajustes de consumo energético pueden ser muy precisos, con coeficientes de regresión muy elevados, lo que implica la posibilidad real de predecir el consumo del proceso a partir de la producción prevista y, lo que es más importante, calcular con precisión el ahorro derivado de una medida de eficiencia energética.

Debe demostrarse que el modelo es adecuado con los datos reales de la empresa. Y debe quedar claro para todos los implicados. Al final del mes, con el dato de producción real de fábrica y de consumo hay que conocer si se ha consumido o no por debajo de lo que indica la línea de referencia.

El problema de los rechazos

Si se obtiene una ecuación que relaciona el consumo de energía con la producción, es preciso que esta incluya el producto rechazado por el sistema de calidad de la empresa. Si no se hace así se está falseando la medida de producción. Por lo tanto, un importante indicador para tener controlado como punto de partida es el porcentaje de rechazo: si éste aumenta, es muy importante corregirlo, principalmente de cara a la rentabilidad de la empresa y en segundo lugar para no falsear la medida de eficiencia energética de la fábrica por un defecto en el proceso.

Tercer paso: aprobación del método de cálculo de los ahorros

Cómo justificar los ahorros energéticos en una PYME

Aprobación (pixabay)

Finalmente se debe aprobar junto con el cliente el método de cálculo y los pagos por el ahorro obtenido.

Hay que hacer entender bien al cliente en qué nos basamos para evitar discusiones en la facturación de los ahorros.

Hay que dejar claro que en un mes se puede consumir mucha más energía que el de referencia y sin embargo haberlo hecho de forma más eficiente. Por ejemplo, una fábrica estaba consumiendo 1.000 kWh con una producción de 500 ud. Si al mes siguiente consume 2.000 kWh pero produce 1.400 ud es evidente que lo ha hecho con menor consumo relativo. El modelo acordado en la línea de base confirmará el ahorro.

En ocasiones definidas, puede ser interesante acometer un sistema de monitorización de consumos que permitirá la verificación directa de estos ahorros.

Pongamos por ejemplo el caso de la iluminación: la sustitución de luminarias por LED implica una inmediata reducción de potencia consumida. En un edifico o en general en el sector terciario la iluminación supone un porcentaje elevado del consumo eléctrico.

Sin embargo, en la industria, la iluminación no suele superar el 5% del total del consumo energético. La mejor manera de medir el ahorro producido es por estimación de energía consumida habiendo medido previamente el consumo original y la potencia consumida por comparación con la situación final y la potencia medida. Solamente hay que tener en cuenta las horas de funcionamiento para tener una medida muy precisa del consumo. La estimación puede dar problemas de justificación (en sistemas más complejos) por lo que se puede recurrir a la instalación de analizadores de redes en los puntos de consumo, con lo que la comparación es más precisa.

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